Los sentimientos positivos

Reconoce tus sentimientos y concédele poder a los positivos

¿Cómo te sientes? 

Puede ser una pregunta potente, pero ambigua, ya que puede interpretarse al menos de dos maneras y responderse diferente.

Puedes decir que te sientes cansado o enérgico, así como puedes responder que te sientes alegre o sorprendido. 

En estas respuestas, se evidencia el carácter multifacético que puede tener el término “sentimientos”, que también suele confundirse con las emociones.

Si tu respuesta fuese la primera, te estás refiriendo a las sensaciones físicas o percepciones vinculadas a los sentidos. 

Si tu respuesta fuese la segunda, te referías a la experiencia afectiva dirigida hacia una situación u objeto específico. Esta última acepción de sentimientos es la que ahondaremos en las próximas líneas:

ser consciente y darle significado a un estado afectivo.

En este artículo, exploraremos qué son los sentimientos, cómo diferenciarlos de las emociones y aprender a valorarlos por lo que son. Esta es una de las claves de la inteligencia emocional: percibir, valorar y comprender las emociones y sentimientos.   

Los estudiosos han determinado que, los sentimientos nos permiten vincularnos al mundo, ya que con ello filtramos e interpretamos lo que vivimos.

Además, modulan como nos encontramos y cómo actuamos con los demás.  También facilitan que valoremos las situaciones de una manera determinada y marcan directrices de las conductas a seguir.

Esto quiero decir que, gestionar adecuadamente los sentimientos, se traducirá en el manejo favorable de nuestra conexión con el mundo y con el otro.

Parece pero no es… emociones ≠ sentimientos


Las emociones son impulsos que comportan reacciones automáticas, cortas, intensas, que impulsan y motivan a la persona a actuar. Conforman un sistema de adaptación respecto al medio con el que interactuamos.

Por su parte, los sentimientos son bloques de información que se producen como resultado de las emociones, mezclado con experiencias anteriores, deseos y valores personales.

Constituyen un estado de ánimo afectivo que sirve de guía interna para dirigir nuestra vida.

Existen básicamente 4 diferencias claves entre las emociones y sentimientos:

  1. Consciencia: los sentimientos pueden evaluarse y analizarse mientras se experimentan. Las emociones suelen ser espontáneas, inconscientes y no pueden analizarse por ser más efímeras. Es decir, los sentimientos están atados al pensamiento, mientras las emociones no.
  2. Subordinación: los sentimientos siempre se derivan de las emociones, es decir estas son los catalizadores. Sin embargo, los sentimientos no pueden reducirse a efectos secundarios ni a simples secuelas de las emociones.
  3. Duración e intensidad: los sentimientos suelen durar más tiempo al intervenir otros procesos cognitivos, mientras las emociones son estados de corta duración, pero muy intensos. La intensidad de los sentimientos suele ser variada, pero pocas veces similar a la de una emoción.
  4. Regulación. Los sentimientos pueden gestionarse y regularse porque el pensamiento está involucrado. Las emociones son difícilmente incontrolables, pues no suele intervenir la razón, al consciencia ni la lógica. 

Busca sentimientos agradables

Positivos o negativos: viviendo entre opuestos


Muchos expertos no están de acuerdo en clasificar las emociones ni los sentimientos como positivos o negativos. En realidad, uno de ellos, tildado de ‘negativo’, puede beneficiarnos en determinado momento. Los budistas suelen hablar de emociones aflictivas y no aflictivas en función de la consecuencia que genere en nosotros. 

Sin embargo, aquí vamos a manejar la clasificación que la psicología tradicional hace de los sentimientos, porque nos servirá de guía para poder diseñar estrategias que impacten nuestro bienestar. 

No existe aún un consenso de cuántos sentimientos existen.

El psicólogo pionero en el estudio de las emociones y su expresión facial, Paul Ekman, considera que hay más de tres mil sentimientos y emociones, que pueden identificarse con microexpresiones.

A veces, podemos referirnos a una misma emoción con 20 palabras diferentes.

En otras ocasiones, se trata de una emoción primaria que puede variar en su intensidad.

Sin intenciones de ser simplistas y, con el firme propósito de tenerlos en el radar, mencionaremos los 10 sentimientos positivos y los 10 negativos más frecuentes: 

Sentimientos positivos              

  1. Amor
  2. Felicidad
  3. Humor
  4. Alegría
  5. Gratitud
  6. Esperanza
  7. Compasión
  8. Admiración
  9. Euforia
  10. Satisfacción
  Sentimientos negativos

  1. Tristeza
  2. Miedo
  3. Frustración
  4. Ira
  5. Desesperanza
  6. Culpa
  7. Celos
  8. Impaciencia
  9. Odio
  10. Envidia

Los sentimientos negativos se manifiestan como un malestar y son señales de que algo no va bien.

Por ello, tendemos a responder con rechazo, escape o defensa. También pueden tener como consecuencia la acción (o la inacción), pues suele relacionarse en el fondo con el sentido de supervivencia.

Mantener un sentimiento negativo por mucho tiempo, puede evidenciar un desorden neuroquímico en nuestro cerebro o puede desencadenar trastornos como la fobia, la ansiedad, la depresión y algunas enfermedades psicosomáticas. 

Por su parte, los sentimientos positivos, conllevan una sensación de agrado y por ende son estados emocionales que deseamos.

Los estudios indican que confieren flexibilidad a nuestro pensamiento y amplían nuestra mente, pues no generan una respuesta única ligada a la supervivencia.

Le permite a las personas aprender y hacer más conexiones mentales, además favorecen los vínculos sociales. 

Balanza hacia lo positivo

Declinar la balanza hacia los sentimientos positivos


Diversas investigaciones han evidenciado que el afecto positivo favorece nuestra salud y nos acerca a la felicidad.

El afecto positivo es el estado anímico que genera la emociones y los sentimientos positivos. 

El afecto positivo tiene un impacto sobre nuestro sistema fisiológico, pues favorece prácticas saludables como mejorar la calidad del sueño, hacer ejercicio y llevar una dieta equilibrada.

También actúa sobre el Sistema Nervioso Autónomo, lo que se traduce en menor presión sanguínea y reducción de la tasa cardiaca. Se ha relacionado también con menores niveles de cortisol (hormona relacionada a enfermedades autoinmunes e inflamatorias). 

El afecto positivo favorece la presencia de endorfinas y modifica la función inmune y su capacidad de respuesta inmediata.

Además, facilita la creación y mantenimiento de vínculos sociales y  la reciprocidad, que son elementos protectores de nuestra salud.

El afecto positivo es considerado además un amortiguador del estrés. 

Bárbara Fredrickson, psicóloga especializada en la ampliación y construcción de Emociones Positivas, explica que el cultivo de la positividad mejora la calidad de vida, pues genera tres efectos: 

  1. Amplían las tendencias de pensamiento y acción
  2. Favorece la construcción de recursos personales para afrontar los problemas
  3. Incrementa la creatividad, la resistencia a la dificultades y la integración social  

Fredrickson lo describe como la espiral ascendente, pues a medida que cultivemos nuestras emociones y sentimientos positivos, seremos más capaces de ver las posibilidades, recuperarnos de las adversidades, sincronizarnos con los demás y encontrar una mejor versión de nosotros mismos. 

Te invito a explorar qué tipo de experiencias y prácticas puedes generar en tu día a día para aumentar el afecto positivo en tu vida. Pero además, cultiva el afecto positivo en otros.

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¿De qué manera puedes contagiar sentimientos y emociones positivas en quienes te rodean? 

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